Se habla metafóricamente de una
elecciones políticas como si de una carrera competitiva de atletismo se tratase
en la que, con el previo entrenamiento y esfuerzo de los atletas, partiendo de
una misma salida (la convocatoria de elecciones) el que llega primero a la meta
(obtiene más votos) es el ganador. Y esa imagen es absolutamente falsa y deformadora
de la realidad.
La metáfora más correcta sería la
de una timba de jugadores de cartas, en la que para participar es necesario un
mínimo de crédito (exactamente 15.000 firmas de ciudadanos, o el aval de cargos
públicos) y en la que los diferentes contrincantes disponen de un poderío político (diputados anteriores o respaldo socioeconómico) bien diferente.
Durante el juego (que tiene unas
reglas bien definidas) es posible utilizar todo tipo de artimañas, trucos y
engaños (el farol es un clásico, pero las cartas amañadas también). Lo único prohibido es la violencia manifiesta
y las cartas trucadas (lo que no impide que se intente), pero en y alrededor de
la mesa todo lo demás es posible (el juego no se limita a las reglas
consensuadas para los jugadores). Además de los jugadores, se cuenta con
diferentes acompañantes que asesoran a cada jugador, le prestan más fichas
(todo tipo de recursos, desde dinero hasta titulares de prensa, y estudios
psicológicos de los contrincantes) distraen a los demás jugadores (presionan o
concilian estrategias inclusive), y es muy difícil aceptar una buena mano si no
se dispone de bastantes fichas (diputados previos).
Por todo ello, no es igual
empezar la partida con 23 ó 24 fichas (de un máximo de 54 admitidas) que con
ninguna, o contar con el respaldo de millones de seguidores a tan sólo unas
pocas decenas. No es lo mismo tener una experiencia acumulada de 30 años y el
crédito de cualquier prestamista, que ser nuevo en el juego sin aval alguno. Eso
sí, el nuevo jugador ha estudiado y cree conocer todos los trucos de los
jugadores viejos, mientras que él para ellos es un absoluto desconocido, su
mejor ventaja. Es un clásico de las películas del oeste y/o de timadores.
Ya Alfonso Guerra hace casi 4 decenios
acusó a Adolfo Suárez de tahúr del Mississipi, ya que disponía de todo el
aparato del Estado para competir en una timba muy desigual. Desde entonces no
se habían hecho similares metáforas. Desde luego, cada partida
(elección política) tiene un ganador (quien ó quienes forman gobierno) y hay distintas
manos (distritos electorales), aunque la característica de las Elecciones
europeas es que se juega a una única mano (distrito único).
Así, hay “vencedores” que acaban
la partida con menos fichas (votos y representantes) que las que tenían al
iniciarse la partida, y hay “perdedores” que la acaban con muchas más que con
que la iniciaron. PP y PSOE son los que más fichas (eurodiputados) se han
llevado, pero a costa de perder millones de votos y bastantes eurodiputados y, sobre
todo, han perdido casi todo su prestigio como grandes jugadores, quedando muy “tocados”
para próximas partidas (elecciones).
Por el contrario, jugadores
experimentados (IU, UPyD) con escasa “suerte” anterior han salido muy bien
parados de esta partida (con lo que para próximas tendrán más recursos y
apoyos) y nuevos jugadores (Podemos,
Ciudadanos, etc..) además de obtener fichas que no tenían anteriormente, han
mostrado gran habilidad y talento en el juego, saliendo más que satisfechos de
una partida que le da la seguridad de poder participar en futuras partidas, y
con grandes opciones de buenos resultados. Aunque las próximas partidas se
juegan con reglas muy distintas y en múltiples mesas (distritos) que a buen
seguro no podrán cubrir en su totalidad, siendo muchas de esas mesas limitadas
a un duelo a dos.